candelario reyes
Cristal de dibujos.
En la tinta de una hoja de vid es un sorbo, San Francisco. Su nervadura roja es un puente célebre, al que las madejas de bruma bajan a pintarse de enigma y enhebrar de seda la pesadez del rito cotidiano.
Un tranvía podría ser un insecto que no alcanza a volar perseguido por la aspiración de los turistas de abordar presurosos hacia un cielo fácil de tocar en su forma de niebla en las lomas a donde ascienden. La bahía bajo su serenidad de siglos es un terremoto de papel que nada en el agua: protesta por Gaza, hoy 31 de diciembre del 2008, pudiera ser un árbol que cae profundo en su sombra, un liquen tocando la sordera, una espina de cactus en los ojos.
El vino que fluye como marea efímera se trastoca en domo blanco en los jardines de Golden Gate, un viento de música con pausas de pluma y risa de apegos en las estaciones de tren, una plaza de gobierno y venta de alcaloides, la simulada explosión que polvorea gloria arrojando un año a la barata del rostro del monigote de turno.
Este joyel del Pacífico desdice sus secretos y rompe su serranía de arte y vida, al ritmo lerdo de un paseo del que busca palpar los grumos de los que sueñan renovarle ritmos al corazón, como si construyera residencia en los musgos de lo fabuloso.
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Por lobogabriel - 3 de Enero, 2009, 13:29, Categoría: poesia
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